Raquel Correa: despedida de “El Mercurio”

Independencia antes de todo, advierte esta gran periodista chilena que ahora deja su rol de entrevistadora política estable en el cuerpo de Reportajes del decano. La Premio Nacional de Periodismo de 1991 habla aquí de su carrera, del diario donde trabaja desde hace más de un cuarto de siglo, de sus entrevistados y de los políticos de nuestros días.

 

*Por Elizabeth Subercaseaux (La Nación Domingo)

 

raquelEl periodismo ha sido su pasión. Una pasión dulce y amarga que le ha permitido sustentarse, le ha irritado el colon, le ha dado prácticamente todos los premios que se otorgan en Chile, incluido el Premio Nacional, le ha valido una fama de severa, dura e intransigente con sus entrevistados, y el respeto de todos.

 

Pero sus dos grandes amores han sido Eduardo Amenábar su marido, que murió hace seis años y Juanito, su único hijo, un ángel que nunca se moverá de su lado.

“El amor de mi vida”, como dice. “Yo soy la más afortunada porque a todas mis amigas los hijos se les casan y se van, en cambio mi Juanito se va a quedar conmigo para siempre”.

 

Raquel Correa, verdadero emblema del periodismo nacional, lleva décadas entrevistando a la clase política chilena, ha trabajado en las revistas “Vea”, “Ercilla”, “Cosas”, el diario “La Tercera”, Canal 13, Televisión Nacional “de ahí me echaron en 1975”, acota y desde hace más de un cuarto de siglo en el cuerpo de reportajes de “El Mercurio”.

 

Ahora se va. No es que vaya a dedicarse a hacer mermeladas en su campo de Sagrada Familia, claro, pero sí deja de trabajar a tiempo completo para convertirse en colaboradora escribiendo dos entrevistas al mes. “Y no necesariamente políticas. Pueden ser de economía, de arte, hasta de deportes”.

 

-Son muchos años en el “El Mercurio”. ¿Qué ha significado ese diario para usted?

-Veintiocho años de trabajo continuado y estable, en un medio donde pasé buenos y malos momentos y donde se me respetó la libertad y la independencia. Ahora mismo estoy seleccionando entrevistas para un libro y me asombro cuando veo las preguntas que osé hacer y que me permitieron publicar en plena dictadura.

 

-Tanto en un programa de radio como en la película “El diario de Agustín”, usted criticó a “El Mercurio” por no haber informado, como debió, durante los años de la dictadura militar. ¿Esas declaraciones le significaron un problema en el diario?

-Ninguno. Ni siquiera me llamaron la atención. Y me siento moralmente autorizada para hacer esa crítica porque es lo mismo que le pregunté al dueño del diario cuando lo entrevisté a propósito del centenario. Le pregunté por qué no informaron sobre los derechos humanos durante la dictadura. Su respuesta fue que no había libertad de prensa, y que ellos habían buscado una forma de publicar lo que pasaba adentro haciéndolo rebotar desde afuera.

 

-¿Los periodistas de “El Mercurio” están conscientes de que durante ese período no cumplieron con el deber fundamental de un diario que es informar objetivamente?   -No sé si existe esa conciencia, yo no lo he conversado con muchas personas dentro del diario, pero me interesa decir que no sólo “El Mercurio” no cumplió. Yo responsabilizo a todos los diarios, a la Asociación de la Prensa, al Colegio de Periodistas

 

-Sí, pero de todos diarios, al menos tres pertenecían al grupo de “El Mercurio” y los otros a otro grupo de la derecha -Y también estaban los diarios regionales. El hecho es que ninguno de ellos cumplió con la función que les correspondía, y la verdad es que, objetivamente, no podían hacerlo.

 

-Pero revistas como Análisis, Cauce, APSI, Hoy o el Fortín Mapocho sí lo hicieron.

-Esas revistas tenían una circulación restringida, pendía sobre ellas una amenaza constante de cierre y su financiamiento provenía del exterior, su situación era muy diferente. En el caso de “El Mercurio” creo que no estuvieron conscientes del poder que representa la prensa, el poder que representaban ellos mismos, porque no logro imaginar al gobierno militar clausurando “El Mercurio”.

 

-Usted ha conocido por dentro al menos tres mercurios: el que dirigió Arturo Fontaine, el que luego dirigió Juan Pablo Illanes y el que ahora dirige Cristián Zegers. ¿Cuál es el sello que cada uno de ellos le imprimió al diario?

Estuve relativamente poco tiempo con Fontaine, pero de él diría que se preocupó mucho de la parte cultural, de las noticias internacionales, y bueno, él mismo escribió un editorial en contra de los abusos de los servicios de inteligencia que le costó el puesto. Juan Pablo Illanes nos dio mucha libertad, mucho aire. Y con Cristián Zegers llevamos dos años y medio y él ha hecho modificaciones importantes, algunas que a mi juicio son correctas y otras que no me parecen acertadas. Me parece correcto que los editoriales estén al día. Antes ocurría una noticia y “El Mercurio” editorializaba sobre ella a los tres o cuatro días. Lo que no me gusta, aunque vaya un poco con los tiempos, es eso de achicar las crónicas, disminuirlas, minimizarlas. Es verdad que la gente no lee mucho y hay que darles textos breves, pero yo me acostumbré a un periodismo en el cual hacíamos las cosas con mayor amplitud, mayor alcance, más profundidad.

 

-En una época “El Mercurio” se caracterizó por tener un excelente servicio de información internacional. ¿Por qué cree usted que es tan pobre el diario en ese sentido, ahora?

-A mí me llama la atención que el Cuerpo A, que era el cuerpo internacional, esté con tan pocas páginas dedicadas al mundo. Me imagino que la razón está en que los chilenos somos unos isleños y no nos interesamos por las cosas que pasan afuera.

 

-Pero antes interesaba y “El Mercurio” informaba ampliamente en ese sentido. ¿Qué pasó?

-Es probable que haya habido una regresión. A mí me duele ese cerrarnos al mundo, y estoy hablando de los chilenos, de nosotros, no de “El Mercurio”, estoy hablando de la falta de interés de la gente por las cosas que pasan afuera. Somos una isla entre la cordillera y el mar y eso es muy dañino. La prensa tiene un rol importante. ¿Qué entregamos en la prensa? ¿Lo que la gente quiere o lo que debe darse? Yo pienso que uno debiera entusiasmar a la gente, así como hace años en la televisión había conciertos, había programas culturales y la gente los veía. ¿Por qué no hay nada de eso ahora? Pienso que a mucha gente le interesaría ver programas culturales, escuchar un concierto. Nosotros no estamos para darle a la gente solamente lo que quiere sino que podemos despertarles el interés.

 

-¿Qué le han enseñado todos estos años de periodismo?                                         

Uy, me han enseñado tantas cosas. Me han enseñado que hay que ser valiente, constante, fiel a la verdad. Que el sueño de cambiar el mundo no es más que un sueño pero es a la vez una utopía preciosa que a uno le da ínfulas e interés por seguir trabajando en esto tanto tiempo. Yo llevo más de cuarenta años haciendo periodismo y aún me entusiasmo, aún me pongo nerviosa y me sigue gustando, aunque reconozco que en el área política se nos ha achicado mucho el espacio, porque éste es un país muy chico, con muy pocos personajes y los personajes se van repitiendo. Ahora está la regla de la exclusividad, en circunstancias que la exclusividad es imposible. Si a alguien lo nombran ministro del Interior no es pensable que ese personaje esté dispuesto a dar una sola entrevista, entonces se produce una competencia muy fuerte que a mi juicio no favorece a los medios. Yo creo que no importa llegar primero, pero hay que saber llegar, como dice la canción mexicana. Hay que llegar mejor. La calidad es más importante que el golpe periodístico.

 

-¿Cuál ha sido el entrevistado que más la ha conmovido?

-Don Bernardo Leighton dice sin titubear. Lo entrevisté cuando volvió a Chile del exilio, después de haber sido baleado en Roma, una bala en la cabeza a dos metros de distancia. Y su mujer, Anita Fresno, quedó con secuelas, usando bastones. Esa entrevista es muy conmovedora por la forma en que cuentan su tragedia, él inconsciente, ella consciente en el suelo preocupada de él, la sangre de los dos corriendo calle abajo y ella diciendo perdonamos a quienes lo hicieron sin saber de dónde y cómo llegó la bala, porque nunca se supo.

 

-Se dijo que fue la mano larga de la DINA.

-Es lo que se supone, pero nunca se pudo probar y finalmente no se castigó a nadie.

 

-¿Cuál es el entrevistado que más le ha costado?

-El general Manuel Contreras. Me costó por su historia. Lo fui a entrevistar a una casa particular y uno sabe que tiene que tener una cierta actitud con su entrevistado, desde el saludo en adelante. Los chilenos saludamos de beso en la mejilla. Estaba muy nerviosa cuando iba camino a esa entrevista, a tal punto que le pedí al chofer del radiotaxi que por favor parara un rato. Le dije que estaba muy nerviosa porque iba a hacer una entrevista complicada. Pero cómo, me dijo el taxista, usted que tiene tanta experiencia. No, es que voy a entrevistar al “Mamo” Contreras, le dije. Yo tenía de él los peores antecedentes. Era muy difícil hacer una entrevista normal. Las entrevistas son como un baile, y bailar con él era difícil.

 

-¿Y el entrevistado que menos le ha gustado?

-Me gustan todos bueno, casi todos. Algunos me han traído malas secuelas pero no quiero ni acordarme.

 

-¿Hay alguno que nunca haya podido olvidar?

-Sí. Don Eduardo Frei Montalva. Lo entrevisté durante una hora completa en televisión, en el año 1973, antes del golpe, y era un hombre de los que echo de menos hoy en la política chilena: inteligente, culto, bondadoso, encantador. Se enojó, se rió a carcajadas, pasó por todas las emociones y fue una entrevista inolvidable. Otra entrevista inolvidable fue la de sor Teresa de Calcuta, porque entrevistar a una santa no es algo que le pase a una todos los días.

 

-Hay pocas personas que conozcan mejor que usted a la clase política chilena.  ¿Cómo la definiría?

-En la clase política chilena se ha perdido altura, se ha perdido calidad, existe hoy un promedio inferior al de antes, sobre todo si se piensa en un Eduardo Frei Montalva, un Radomiro Tomic, don Pancho Bulnes, Salvador Allende.

 

-¿Qué cualidades de esos políticos de entonces le gustaría ver en los de hoy?

-La cultura, la experiencia, la pasión por la gran política. Soy una gran defensora de la política. Me enferma cuando dicen la política es un asco. No es un asco, es el centro de todo, por la política pasa la educación, la cultura, el arte, la justicia, todo, ellos son los que hacen las leyes, ni más ni menos. Yo echo de menos el nivel de antes. Hay, eso sí, un detalle: puede ser que antes, como yo era joven, los mirara hacia arriba. Tal vez en la tercera edad los mire hacia abajo un poco. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Quién es el Patricio Aylwin de hoy? ¿El Gabriel Valdés? ¿El Sergio Onofre Jarpa? ¿Dónde está el Allende de ahora? ¿Quién es el Frei Montalva de nuestros días?

 

-Vale decir que usted no compara a Eduardo Frei Montalva con su hijo, Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

-Es que don Eduardo era abogado, era humanista, y Eduardo Frei hijo es un ingeniero.

 

-¿No me va a decir por quién va a votar?

-No, porque no sé quienes van a ser los candidatos y además el voto es secreto se ríe.

 

-Usted ha publicado dos libros, “Ego Sum Pinochet”, que es una serie de entrevistas con el general Pinochet, y “Los generales del régimen”. Entrevistó a prácticamente todos los jefes importantes de ese Gobierno, ¿qué diría de la clase militar chilena?

-Que hay un abismo entre los militares de antes y después del golpe. No es verdad que el Ejército es siempre el mismo, como se dice. Hay dos ejércitos. A uno de ellos, al de antes, pertenecía el general Prats, por ejemplo, a quien admiro profundamente.

 

-Cuando se descubrió que Pinochet había robado esa gran cantidad de dinero, ¿le llamó la atención?

-La verdad es que a mí me impresionan más los atropellos a los derechos humanos, pero lo de los dineros mal habidos me dejó muy sorprendida, porque los militares que trabajaron con Pinochet tenían las manos limpias, en ese sentido.

 

-Usted fue opositora al Gobierno militar desde el primer día. ¿Cómo se las ingenió para hacer un periodismo no militante en medios oficialistas durante diecisiete años? -Es que no eran medios oficialistas, tal vez eran proclives al Gobierno, pero no oficialistas. ¿Cómo me las arreglé? Bueno, estuve dos años sin poder trabajar después que salí de la revista “Vea” y me echaron del Canal 7. Estuve dos años exiliada dentro de Chile, años que fueron muy dolorosos desde todo punto de vista, incluso desde el punto de vista económico, viví una angustia atroz al estar marginada sin ninguna razón. Fueron años muy duros. Y, respondiendo directamente a su pregunta, después, una vez que me reincorporé al trabajo, me las arreglé haciéndome respetar por los entrevistados y por los medios.

 

-En su carrera lo prioritario ha sido mantener su independencia y ser objetiva. ¿Cómo se es independiente y objetivo entrevistando, por ejemplo, a un torturador?  -¡Haciéndole las preguntas, pues! A torturadores, fabricantes de armas o lo que sea. ¿A cuántas personas ha matado usted?, ¿cómo está su conciencia?, ¿qué sueña?, ¿no sueña con las personas que murieron por su culpa? Esas preguntas yo las he hecho, y se las he hecho a generales que tenían a su cargo la DINA o la CNI. Y me las han publicado.

 

-¿Recuerda cuál es la pregunta más dura de las que hizo en esos tiempos?

-Nunca me olvido cuando le pregunté a un obispo qué haría si estuviera celebrando misa y llegara Pinochet a comulgar, y el obispo me contestó “no le daría la comunión”.

 

-¿Cómo se explica usted que ahora no haya ni un programa en la televisión como fue A esta hora se improvisa, De cara al país o el propio La entrevista de Raquel Correa?

-Pienso que los medios están equivocados. Fundamentalmente la televisión que es la que penetra, la masiva, un estornudo en televisión no es lo mismo que una gripe completa en un diario. No puede ser que prácticamente hayan desaparecido el debate y los temas de actualidad, por ejemplo, el tema de la legalización del aborto terapéutico; yo quisiera ver un foro en el que participaran un sacerdote católico, un rabino, un médico, una madre, distintos sectores políticos, pero no lo veo, no existe y estoy segura de que tendría éxito. Si los medios no lo hacen será porque piensan que no tendrían rating. Y supongamos que así fuera, pero un tema es el rating que se refiere a la cantidad y otro es el rating que se refiere a la calidad. No quiero ser discriminadora, pero la gente que tiene más poder, cuya palabra pesa más, estaría viendo esos programas, por qué centrarse siempre en la masa. La masa quiere el baile, el zangoloteo y el leseo, o eso al menos piensan los canales que quiere, pero yo estoy segura de que es cosa de darle más posibilidades, inducirla, invitarla, acogerla.

 

-Usted misma, ¿por qué no está en televisión?

-Porque tendría que ponerme silicona vuelve a reír.

 

-Durante el Gobierno de los militares había un periodismo más combativo, más libre. Ahora que estamos en democracia no hay prácticamente medios que no sean de derecha.

-Bueno, yo creo que usted hace un corte muy estricto, pienso que los medios que hay van mucho más allá de la derecha.

 

-¿Cuáles son los diarios que no representan a la derecha o los intereses del empresariado?

-Los dueños pueden ser de derecha pero eso no quiere decir que los lean sólo personas de la derecha.

 

-No, pero el empresariado tiene intereses muy importantes en esa prensa. No creo que sea posible publicar en uno de esos diarios un artículo que atente contra los intereses de un avisador.

-A mí no me ha pasado nunca, porque no hago entrevistas a avisadores del diario.

 

-Me refiero, por ejemplo, a una columna de opinión.

-Yo no encuentro que los diarios sean tan sesgados. Es cierto que no hay revistas independientes, como era la antigua “Ercilla”, que yo echo mucho de menos. Llora una revista como ésa, donde aparecía de todo, los mejores columnistas políticos, las mejores personas del área de la cultura, el mejor deporte, y era una revista independiente, la de los tiempos de Julio Lanzarotti. Me encantaría tener dinero para hacer una revista como ésa y ver si tendría éxito en el Chile de hoy. Yo creo que sí.

 

-Cuando sus alumnas de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica le preguntan por la regla de oro del buen periodismo, ¿qué les dice?

-Yo siempre sostengo la bandera de la independencia. Me parece que es lo fundamental.

 

-¿Usted cree que ahora hay muchos periodistas que lleven esa bandera, que no sean segados, que no estén ideologizados?

-No creo que haya muchos porque tienen sus ideas, luchan por ellas, las defienden, y eso está muy bien.

 

-Que sean diputados, entonces

-Claro y algunos quieren ser presidentes. Para mí, al menos, mantener la independencia es lejos lo más importante. Si me ofrecieran promover a un empresario, un trabajo de relaciones públicas, trabajar para cualquier Gobierno no, prefiero morir de hambre antes que venderme.

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~ por Comunicadores de Magallanes en abril 6, 2009.

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